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Vital la inversión en infraestructura de salubridad aérea durante esta etapa de la pandemia

De cara a una nueva etapa en la pandemia del COVID19, la ingeniería y sus diversas ramas deberán tener mayor participación en la configuración de soluciones que fomenten el desarrollo de infraestructuras capaces de eliminar patógenos en el aire garantizando la salubridad del recurso natural que todos respiran y que ha demostrado ser el responsable de la propagación aérea de diversos virus.


Así lo dio a conocer la ingeniera de compuestos, Lissy Oquendo, tras el anuncio del gobierno de Puerto Rico de flexibilizar la mayor parte de las restricciones impuestas durante los pasados dos años.


“Hasta ahora, la medicina y el sistema de salud de la Isla han logrado grandes avances a través de la vacunación y la disposición de recursos para el tratamiento del COVID19, lo que ha permitido la eliminación de muchos de los mandatos gubernamentales para hacerle frente a este virus. Es momento ahora de pasar de la etapa de respuesta a la de recuperación e inmediatamente a la de preparación en donde se deberá hacer planificación e inversión en infraestructura. Solo de esta manera podremos evitar volver a ser impactados por circunstancias similares”, indicó la ingeniera que forma parte de la junta directiva de la fundación Puerto Rico Leads Las Américas que advoca por el acceso a aire seguro y limpio de patógenos.


La ingeniería, según explica, aplica conocimientos técnicos y científicos con el fin de transformar ideas en soluciones, diseñando tecnologías y estructuras que logren los objetivos deseados, en este caso, la eliminación de patógenos causantes de virus en el aire. Por eso, resulta inminente la discusión de la salubridad del aire como un recurso que sustenta o facilita el desarrollo productivo del país al salvaguardar el bienestar colectivo de quienes hacen uso de él.


“El desarrollo urbano de las sociedades como las conocemos hoy día, requirió de transformaciones estructurales que fueron diseñadas desde perspectivas de incremento de la competitividad urbana, de la equidad, así como de la sostenibilidad de las condiciones de vida de sus residentes. Es así como en la actualidad existen sistemas de acueductos que, entre otras cosas, potabilizan el agua y permiten que el recurso llegue apto para su consumo a través del grifo. Pues de la misma manera en que un recurso tan común como el agua requiere de la aplicación de una infraestructura que garantice su salubridad, el aire que todos compartimos debe ser protegido, tratado y desinfectado. Esa debe ser la gran lección de esta pandemia”, acotó Oquendo.


Con la ingeniera coincide Nelson Traverso, quien pertenece a la Junta Independiente de Investigación Estratégica del Aire Compartido. Este señala que, “en momentos en que el gobierno hace una transición hacia una relativa normalidad al relajar las exigencias del uso de mascarillas, y de otras restricciones, deposita la responsabilidad en la propia ciudadanía quien deberá decidir cuándo utilizarla y qué medidas poner en práctica para proteger su salud. Esto, nos lleva entonces a redoblar esfuerzos en aspectos de protección colectiva mediante la implementación de estrategias estructurales que garanticen el bienestar de todos sin tener que depender exclusivamente de las acciones individuales, sino que más bien las complemente para lograr un mayor grado de efectividad. Así, aun cuando se comparta en espacios cerrados con personas que posiblemente no estén completamente vacunadas o no lleven mascarillas, la implementación de un sistema que vele por la calidad del aire interior protegerá la salud de todos”.


Por tal motivo, su enfoque siempre ha estado en la importancia de la salubridad del aire interior mediante la aplicación de una estrategia multicapa que integra el uso de tecnología capaz de eliminar los patógenos que producen los virus en el aire.

Se trata de una Estrategia de Defensa Aérea Multicapa (MLADS, por sus siglas en inglés), la cual considera que no existe un arma única para combatir el COVID-19; se requieren múltiples niveles entre la adopción de nueva tecnología, los ajustes a las tecnologías existentes, la educación, la capacitación y el estudio de la circulación del aire y la turbulencia.


“La solución debe recaer en una ejecución miscelánea que combine varias disciplinas capaces de adelantarse al impredecible comportamiento de cualquier virus, centrándose en el aire, que no es más que el ecosistema que todos compartimos y en el que los virus tienen la capacidad de vivir, pero también de morir. Con una aplicación de múltiples capas, se garantiza una eliminación de sobre el 99% de los patógenos en el aire. Piense en hojas de papel con agujeros. Si los combina, las posibilidades de que dos hoyos aterricen en el mismo lugar son bajas”, planteó Traverso.


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